lunes, 5 de marzo de 2012

Domadora de zapatos

Cuando hay una fiesta (una fiesta importante), es común que corramos por un nuevo par de zapatos.
Algo que debemos saber es que uno nunca debe ir a esa fiesta de estreno: ellos no nos conocen, nosotros no los conocemos y entonces muerden, rajuñan, molestan, nos hacen tropezar y antes de media noche se quedan escondidos bajo una mesa. Condenándonos a la silla o dejando a nuestros pies indefensos y proclives a recibir pisotones.
Por eso, cuando llega un par de zapatos nuevos, hace falta domarlos.
Hace un tiempo me enamore de estos: terciopelo negro, puntitos de metal plateado, boquita de pescado... y rebeldes. Cómodos pero complicados, por malvados, se quedaron en la caja varios meses.
Ahora, que hay una nueva fiesta, tengo hasta el viernes para domarlos.